30 nov. 2008

Carta 8...

Ya no quiero necesitarte, inmerso en la penumbra de este sótano húmedo debo encontrar la salida.


La telarañas son rígidas e impiden mi paso seguro por entre la obscuridad, pero debo caminar, no, realmente no estoy molesto contigo, a fin de cuentas, siempre pensé en ¿qué podría esperar de ti? y eso es lo que obtuve, nada, absolutamente nada, una o dos llamadas, dos o tres caricias, infinidad de besos falsos, abrazos furtivos, amor surrealista, nada, eso es lo que siempre esperé de ti. Con quien sí debería estar molesto es conmigo, si, conmigo, ya que sabiendo que solo eras un fantasma siempre estuve esperando mirarte caminar a mi lado bajo la luz del sol.


Estoy muy mal, soy patético, y esto no significa que sea depresivo, sino más bien que estoy comenzando a ser sincero conmigo, ya no hay porque seguir teniendo esa pantalla que se construyó poco a poco cuando estuve a solas contigo, es mejor romper el espejo y mirar el mundo como siempre fue para mí, un agujero opaco y lleno de lodo en el que no hay más cielo que la madera del ataúd en el que estoy de fauces enterrado.


Ilusamente pensé que en ti había la entrada al cielo, pero realmente nunca salí del inferno, sin haber tenido que vender mi alma al diablo, parece que nunca saldré de aquí. Y no te estoy condicionando, solo te aviso, si no actúas y exhumas mi cuerpo (aún con el alma dentro) lo más pronto posible moriré creyendo que todo lo que hubo entre nosotros fue totalmente falso.

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