5 jun. 2011

Sólo vuelve una tarde.

¿Qué haces?
¿Por qué no naces
y vuelves a morir?

Sólo vuelve una tarde
y destápate que hace calor.

Nunca el Distrito Federal
me pareció tan desértico
como hoy que no encuentro
el manantial de tu piel.

Apaga la luz y recuéstate,
disfruta la hermosura de tu vientre
y ve despetalando tu tallo
hasta dejar caer el último (no me quiere)
sobre el mecanicismo de un orgasmo (solitario)
y luego cubre de obscuridad tu cuerpo
y desaparece en mitad de un abrazo.

Devuelve la sonrisa a mi vida,
pon tu manto sobre mis perversiones
y no dejes que salga a verter
mi deseo en incontenible ira.

Recuesta tus rizos sobre mi almohada
y cuéntale a mis suspiros tus fallas,
recorre con tus poros las yemas mis dedos
y deja que tus labios sean libres por momentos.

Enciende entonces el final latido,
destruye las luces de mis pupilas
toma entre tus manos los pedazos de tela que arrancaste de tu cuerpo
y huye cenicienta mientras sigo durmiendo.

Cierra la puerta de tu regreso
y clava la daga de tu recuerdo en mi mente,
muere entonces de nuevo,
vive en otro mundo, en otro cielo,
que yo habré de despertarme
para encontrarme con la música de tu ausencia
que como cada mañana
canto y lloro a los cuatro vientos.