30 jul. 2012

esa eres tú...

Esa eres tú,
la que un día me da mangos para hace agua
y al otro me seca los ojos,
!Cómo no conocerte!
si eres la culpable de esta rabia
y el sacrifico de este corazón.

Marco tus palmas aquí en mi pecho
porque a veces te falla la memoria
y se te aloca la locura
y te devienes en ternura
que mas te da la colera
de lo perdido
aunque puedas obtener más
de lo que se va construyendo.

No me digas nada,
que no soy yo sino mis dedos
los que no paran de escribir,
es sólo mi pequeña venganza esta poesía,
estás líneas que nacieron en febrero
y que murieron en abril.

Sí,
estoy seguro,
esa eres tú,
la que yo amo
porque no sabe que me quiere
y me dice que me odia
y cuando lejos estoy de su memoria
vuelve a mi.

No,
este no soy yo
sino el que escribe,
un pequeño duende que detiene al verdugo
cuando quiere cortarle la cabeza a tu nombre.
Otro soy yo que no este,
el que entrega flores,
el que ruega,
el que sufre,
ese es éste que te aclama,
que no yo el que desea olvidarte.

Y entre la muchedumbre de estas manchas,
entre los confusos unos y ceros que en mi cabeza corren,
voy a despedirme,
voy a ir matando a los poetas,
para volverme un autómata
que como tú lo que quiere
es nada más saciar el calor de la carne.

Y cuando los haya despedido,
cuando los haya enterrado,
cuando el alma de aquellos dos que nacieron en mí
haya vendido al diablo,
entonces dejarás de existir,
dejarás de ser esa a la que yo conozco
para ser la mujer de cualquier hombre
y no la musa que me ha inspirado.
En dos versos:
dejarás de ser esa que yo conozco
para ser la señora de nadie.