9 may. 2010

Antes de decir adiós mírame a los ojos,
avienta por la borda el collar que puse en tu pecho
y dime: jódete,
a final de cuentas,
más jodido no puedo estar
que si tu te vas.

Antes de colgar escucha
como digo que te amo
y calla, no respondas,
no hace falta que digas nada,
yo lo entiendo,
yo lo siento.
Sabes que es cierto,
pero estás esperando a que yo mate nuestro amor agonizante,
quieres que yo diga: terminamos.

Y así acabaré con la molestia de mi voz
y de mis ruegos por ósculos,
caricias
y minutos.
Que se convierten en amargas horas
de recuerdo frustrantes
y sueños inexistentes.

Antes de decir adiós acaricia mis labios
a medias con los tuyos,
para no volver a usarlos,
para morir de sed porque que el vaso no borre tu esencia.

Y grita que soy cobarde
porque es cierto,
los cobardes amamos
aunque le tengas miedo al amor.

Adiós.

6 may. 2010

Invitación.

Otra vez tu indiferencia masturbando mi serenidad.
Tus tantas quejas atravezando mis estigmas.
La claridad de esta noche descuartizada por la mañana.
Densa niebla sobrevolando estrellas doradas.
La maravilla del silencio jineteando mi morada.
La piel de este ser emplumado no me hace ni un poco de esperanza.
Feliz y herido, llorando en mis entrañas, molesto en las tuyas.
Trágico, una guitarra sin cuerdas.
La pintura rupestre que alumbra mi cabaña se ve opaca.
Que la música no pare en el décimo suicidio de mi alma.
Que los recuerdos no segreguen la sangre de mi vicera herida.
Que las velas de tu altar no se apaguen hasta el fin de la cuaresma.
Te invito esta noche a casa,
a reconciliartre con la almohada y con el cristo que se ve más triste de lo normal.
Te invito a molestar a Bequer, dile que el sufre porque no te conece.
Ven a espantar los demonios de mis noches, con la luz de tu mirada.
Te invito esta noche, para que no te vayas,
para que redimas mis caricias,
para que revivas mi sonrisa.
Para que exorcices, de nuevo, mi calma.