29 abr. 2011

Locura del desierto.

¿Dónde está la sonrisa
que provoca el éter de tu brisa vespertina?
Ahora que, escondido
en los escombros de una tormenta compartida,
imagino que es tu madriguera
tan inestable y húmeda como la mía;
construcción con
paredes de opalina
y un manojo de
sueños con espinas.

Mientras disimulas tu tristeza
en la sombra del silencio
yo me encuentro
imaginando nuevos días
y vivo en ellos.

Entre azucenas y
olas espumosas me despierto,
aunque te amo,
con tal de no extrañarte,
encuentro falso asilo
en otros nombres,
falsa pertenencia
en otros brazos.

¿Dónde está el sueño
que provocas cuando estridulas?
Esas van siendo letras
de otro cuento.
Versos de otro Cerbero
que crees reconocer,
pero sabes que,
como yo,
estás sufriendo la locura del desierto.

Y parece que encuentras
solución a lo irresolvible
hasta darte cuenta
de que no hemos vuelto
al confort de nuestros cuerpos
ni al abismo de nuestro cielo.

Sï, aunque no queramos,
amor, estamos muertos.

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