29 abr. 2011

En el umbral de un fuego antiguo.

En el umbral de un fuego antiguo
se me va apagando tu llama,
como cataclísmo sugestivo pienso
en deseo
engaño
absurdo
destino.

Consumadas batallas han ganado mis demonios
y son ahora héroes regocijándose
(para ti, pero no contigo)
sobre las plumas de misterios pertrechados
por aves de mal Agüero.

Solo, como fue desde de antes de tus tiempos,
solo me siento y no encuentró respuesta
ni labios
ni brazos
ni techos que soporten la tempestad.

Se me enguzanaron tus besos
putrefactos cuerpos de estética romántica,
paulatinos van siendo los segundos
y tus bacterias sobre mi van muriendo,
lento,
noctámbulo despertar en silencio.

Digamos que eres la perfección,
no existes,
eres como el dios que mis padres me inculcaron,
no te creo.

Y hoy antes los ojos de ángeles opulentos
vienes a callar mi plegaria
que pide te vayas llendo,
te vayas llendo.

Pero entiende pétalo de rosa negra
que aunque fueron las comisuras de tu cuerpo mi alimento
autótrofe me he vuelto
para mi vivo y por mi me estoy muriendo.
Corazón pedazo de carne blando
que crudo estoy mordiendo
y aquí te lo regalo
(de nuevo)
digerido,
inservible,
te lo devuelvo.

Y no llores!
Cuéntale al mundo que el pecado
de este poeta miserable
fue haber escuchado el canto de las sirenas
que lo perdieron
antes de llevar sus riquezas a tu puerto.
Antes de encallar en tus tierras,
antes de conocerte por completo.

Vive feliz,
tranquila,
en tu ilusión cenicienta
esperando a ese amante
que,como ya es costumbre, esta tarde tocará tu puerta,
tu cara,
tu sangre,
la memoria que dejará de perfumarse con mi nombre
para extrañar al mancebo
que conoce de tu sexo el arte
que ignora este artesano de la palabra absurda,
de la palabra muerta.

Él es quien aprendió a dar caricias,
yo soy más cobarde
hago a un lado mis delirios
y trato de justificar lo injustificable.

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