29 abr. 2011

En la comisura de los labios de una vida agonizante.

En la comisura de los labios de una vida agonizante
resuena el aullido de un miedo solitario,
se queda la noche preñada por el eco mortuorio
de este latir que no deja de ser adolescente.

Veo en la oquedad de estas letras,
la resequedad desdeñosa de mi alma
desollada por acciones secretas
que no se callan y se quedan.
Que no se callan.

Llanto olvidado en una nube etílica,
llueven dagas de incertidumbre y vacío
¡que dolor me encierra en inconsciencia ridícula
de pasado irresoluto, de no místico futuro!

La corriente de mi razón se contamina
por la basura no degadradable de mi pasión.
Y se cansa de gritar el vástago de mi sueño
porque tiene frío y hambre,
porque no tiene el cobijo de una madre
porque los jinetes de irreverentes pecados
le arrancaron el corazón.

II

Pregunta Dios: ¿De que te arrepientes?
y yo sólo me quedo mudo
vomitando en las mañanas tres serpientes
que ayer envenenaron mi sentido.

Soy hereje sin querer serlo,
soy un hombre que se equivoca
pero no se arrepiente porque ignora
cuáles son los males que ha pertrechado.

Esta culpa carcome mi tiempo,
esta urticaria no se cura
porque lo que la esparce
es justamente mi mente en movimiento
y los fantasmas de la madrugada
en la que se me hizo tarde.

No hay verso, ni rezo, ni dogma
que pueda salvarme del infierno de mi pecho
donde los ángeles son simples adornos
y los demonios comandantes de mi soma.

III

Hoy soy un ente andante,
iré por la vida sin querer ir,
saldrán palabras de mi boca sin decirlas
escribiré poemas sin sentir.

Porque ayer se le acabó la verdad a mi mentira
y las creencias son ahora pedazos de redención
he derribado mi iglesia
con las llamaradas de mi instinto pueril.
Fue quizás una duda resuelta
que me ha dejado sin fe ni religión.

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