2 dic. 2008

Moriré...

Algún día he de morir y no quiero que llores entonces. No quiero misa, rezos, velorio, nada. Sólo fuego que haga cenizas mi cuerpo, y se acabe. Quisiera que ella aún viviera y que sacaran antes de cremarme el corazón, lo metieran en formol y se lo dieran, siempre ha sido suyo y no quiero que se vaya sin él.
Cuando muera, amigo mío, no sufras, que sólo mi cuerpo no estará. No quiero flores, panteones, ni sueños rotos. Sólo cenizas y ya. Lloremos juntos ahora que estoy aquí, di de la manera que quieras lo que sientes por mí y no te arrepientas de odiarme por lo que he hecho, no digas entonces: ¡Qué bueno era! ¡Qué difícil será la vida sin él!
Cuando mi tiempo haya terminado crecerán mil árboles, habrá quirófanos en todo el rededor en cuyas paredes quedaran grabadas los gritos de los bebes. Y mi testamento quedará a nombre de los que estén de acuerdo con mi partida. Mi testamento está escrito en todos sus corazones. Y si sufro ¿Qué importa? Y si muero no hay más, sólo mis cenizas en una vasija que contaminaran el mar.
Algún día he de morir tranquilo, feliz, vivo. Y no será momento de llorar. El recuerdo será polvo y el polvo mi epitafio. La historia será mar y sus lágrimas que no brotan. Cuando muera amigo mío también te voy a extrañar…

1 comentario:

Israel Macedo dijo...

Obra Maestra -
Enhorabuena la palabra.