8 dic. 2008

Carta 21...

Ven niña y descansa en mis brazos, permíteme darte mi curriculum para ocupar el lugar de aquel ángel ingrato que te ha abandonado. Diluye tu cariño en mis venas y fundámonos en ese sueño que hasta ahora no ha pasado de ser un sentimiento. Dime al oído que me necesitas tanto como yo a ti.
No lo digas nena, sé que es difícil caminar por los caminos empedrados de Guanajuato, pero después de tanto dolor de pies en el callejón del beso hagamos estremecer nuestros cuerpos inyectando esperanza por los labios. Tómame cariño de la mano y miremos el mundo desde las nubes, tenemos todo lo necesario.
Soy insoportable los Sábados que no te tengo. Me en carrero los domingos cuando sé que el siguiente día habrás regresado. En medio de la nada el destino ha hecho estragos, pero nos encontramos y los espejismos en el desierto son manantiales reales a tu lado.
Ahora soy puros huesos y tu corazón latiendo, ahora estoy contigo. Estoy contento.
Vamos pequeña fundámonos, seamos aleación de minerales reforzados, que te necesito tanto como aquellos Romanos necesitaban de su Excalibur. Las palabras ya no importan cuando sabes que estos versos son más que silabas forjando sueños. Permíteme ocupar el lugar de ese Ángel ingrato que te ha abandonado. Llena mi altar con tu silencio, porque sabes mi niña hermosa que yo sin ti soy indefenso, que este amor que irriga mi corazón es eterno.
¿Podremos salvar las almas condenadas de una eternidad en el infierno?