2 ago. 2010

Requiem para mi

Fue el candor de tu alma
lo que provocó la oquedad
de marzo en mi lóbrega morada.

Y en mi ofuscación
fuiste tú mis ojos,
el trémolo de mi palpitar.

Y en mi trepidación
fuiste tú mi fondo,
mi calabozo sin salida.

Te convertiste en mi vicio,
en el placer de un adicto,
fuiste mi cocaína.

Hasta antes de perder el juicio
me convertiste en el convicto
de este sueño, mi lápida fría.

Donde hablar de sentimientos
ya no es asunto mío,

porque no me fío de quien vive enamorado,
ni de quien muere por amor.

Porque son estas ganas de estar contigo
las que me consumen como al papel el fuego

en el eco de mi propio abismo;
en el juego de mi propio juego;

¡En mi muerte por tu amor!

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