9 ene. 2009

Esperanza...

Mis pies caminan como si no trajera puestos mis zapatos,
siento el calor de la acera,
y el sol que no me deja ni un rato.
Meto mi mano en el bolsillo del pantalón y está roto,
meto la mano en el bolsillo del saco y recuerdo que no uso.

Mis labios son ahora un desierto saboteado,
mis puños se mantienen cerrados,
mis brazos llevan ya un largo tiempo cruzados,
mis ojos son cristales rotos que sólo sombras pueden ver.
Agotado observo como otros se detienen a descansar
y es muy posible que ya no se levanten.
¿A quién no le gusta la comodidad que da dormir eternamente?
Pero yo no quiero parar...
Las piernas pesan, el corazón recuerda,
sístole, diástole, pausa,
sístole, diástole, pausa.
Mis pulmones siguen funcionando,
inhalo, exhalo, pausa,
inhalo, exhalo, pausa.

Mis lágrimas surgen de no sé dónde,
salir, rodar, congelarse.Pero sigo de pie y andando...
A lo lejos una luz muy grande,
la desesperanza me va dejando más liviano.
Cesa el frío, cesa el cansancio, y todo florece en el manto estelar...
Mañana dejaré de caminar...

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