21 jul. 2009

Tuve que esperar un tiempo...

TUVE QUE ESPERAR UN TIEMPO
para escuchar tu voz de nuevo.

Regreso de este viaje
deshidratado mi pecho,
ocho noches de insomnio,
ocho días pensando en vos.

Estrellas que parecían aves,
Aves que parecían tú y yo.

La luna tan distante del sol
Y tan complementaria
Para mi inmensa depresión.

Nubes que parecían mi corazón,
y de mi corazón llovia
todas las noches una canción
con tu nombre, mis lágrimas

la gran idea melódica,
la lamina el instrumento
y la voz mi depresión.

El canto de las aves me anunciaba
Un día más concluido,
Al cantar las aves me decían
Que disminuía de mi alma
El intenso y agrio dolor,
Al cantar las aves me avisaban
Que era hora de terminar
Esa canción en escala menor.

Cuando los grillos estridulaban
Y las luciérnagas despertaban
Buscaba tu mirada por ahí,
Pero no pude igualar la luz
De tus ojos ni con un millón de ellas,
Lo juro ¡Ni con un millón!

Por más que mi cabeza daba
Vueltas no pude acercarte,
700 kilómetros me separaban de ti.
Y al ratito que podía dormir
Me daba cuenta de lo mucho
Que me haces falta, sólo durmiendo,
Tan bella, te pude observar.

¡Despertaba solo en la obscuridad!
Y acariciaba la cama donde
Ingenuo, pensaba, podrías estar.

Mi viaje fue largo y agotador,
Estoy de regreso tiene ya
Un tiempo, y aquí sin luciérnagas,
No lluvia, ni aves, ni grillos, ni yo,
Sigo esperando el momento
En que de nuevo pueda escuchar tu voz.
México – Veracruz. Julio 2009

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