21 abr. 2009

¡Te extraño!

Siento que me observas,
siempre aquí, ahora.

Los árboles susurran,
conspiran, quieren
hacer regicidio y aquí
en no se donde,
yo cargo la corona.

Se despide la conciencia,
lápiz, punta, hoja y tu ausencia
para que mi corazón
explote y manche las paredes

en miles de palabras
con millones de letras,
todas, juntas, soñando
ser algo que nadie acepta

y yo muerto entiendo
el mensaje completo
con los ojos entreabiertos,
muerte, sangre, ella.

Nublado, el día nublado
como mi pecho y los prejuicios
encima y con hambre.

Toc-toc- algo golpea la puerta,
quiero salir y no hay manera.

Frío, como el vidrio de la ventana
húmeda como el espejo imaginario
o la autocritica y la conciencia.

Sol seco, Luna nueva,
nada en el cielo brilla,
sólo es infinito y galaxias,
galaxias de pensamiento
de amor, y mi cojín durmiendo
locamente perfumado.

¡Oh! Silencio, silencio señor
no ronque que los ronquidos
son malvados demonios
que matan el sueño y el despertar
asesina al enamorado.

Terrible, estoy en mi casa
con un Borbón casi acabado.

Tú, fuiste Tú retrato
lo que me estaba mirando.

Lo toque y se deshizo,
leer, recordar, sufrir, llorando.

Y entonces me hundo en la
mirada que no es de ella,
que no sé que es...

Mis manos temblando sobre
el pasto, mi cara pegada en la
tierra y me sentí pesado
con un caracol babeando mi espalda.

Estabas tu ahí, en un banca
y yo en el suelo, moribundo.

Quise tomarte de la mano
¡Y no puse! Tú te fuiste
¡Te fuiste!

Te recordé y escribí en mi mesa
este poema para que no leyeras.
Sólo fue ceniza y olor a maderas.

Desperté llorando por estar aquí,
en mi casa solo, solo como yo mismo,
con el lápiz en la mano y una hoja
blanca con dos palabras en mayúsculas:
¡Te extraño!

Preferí escribir a mi manera esto,
esto tan extraño que siento, que creo
se llama amor.

Bebí sueño y estuve ebrio
resaca de tu imagen, de tu cuerpo,
pasando la sobriedad de tu mirada
te escribo que la realidad es sueño
de aquel sueño por la madrugada.

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