21 abr. 2009

No te preocupes.

Madre: que no te preocupe
mi estado de fin de semana.

Es normal que me suden los ojos
de desesperación, pues

una dulce dama me ha hecho
pedacitos toditito el interior.

Y con canciones pego el alma,
y con silencio el corazón.

Madre: No te asusten las lágrimas
duelen las cicatrices, la poesía
el recuerdo, la desesperación.

Y es que no encuentro la manera
de llenar la limosnera de cariño,

que no tiene fondo, que de mi no ha dejado
ni un quinto y ahora necesito un millón.

Madre: ¡Tú sabes de amor!

Estoy aprendiendo de este dolor
que es eterno y constante,

que es llanto y silencio,
que a veces se hace alcohol.

Madre: mis hermanos se preocupan
tanto como tú por mí,

pero deja llorar a tu pupilo
deja que sane su interior.

Y si la nena sigue despierta,
el nene segura sufriendo,

no tiene sueño, ni tiene hambre,
ni se le ensucio el pañal, le duele el pecho

¡Está conociendo el querer!
le duele señora, la mujer

y yo que estoy con el todo el tiempo
te aseguro que va a seguir llorando,

hasta que se le sequen los ojos
o se haga de hielo, o consiga
un nuevo y olvidadizo corazón.

Perdónalo, por favor, entiende
lo que ella no puede y abraza

a tu hijo enamorado, que no llora
de hambre, madre, llora de dolor.

Yo sé el estará agradecido, agradecido
de de tus brazos y tu hermoso querer.

Madre: ya no sufras al verme desnudo
y llorando por este amor endemoniado

que nunca, te juro, negó lo que le he dado
porque de lo que le di nunca se enteró.

Madre: perdóname, estoy enamorado y
ella, mi amada, nunca dijo que no.

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