Sabes que podría atar mis brazos a tu cuerpo y detener el tiempo, intoxicarme con tu aroma, rodear tu espalda y que por siempre todas las tardes como esta, duermas en mis brazos, y suplicar al creador eternizar los momentos a tu lado, y que la pausa de este instante dure un par de lustros, al menos hasta que las uvas sean ya un buen vino, o hasta que dejes de necesitar mis brazos y tu reino sea similar al de tus sueños, aunque no se asemejen a los míos.
Duerme mi niña, yo estaré aquí cuando despiertes, ahora descansa, te dejo un beso en la mano, recuerda que cuando un hombre quiera besarte, debe primero hacer lo mismo, besarte la mano mi princesa.